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PETE TOWNSHEND

GUITARRAS REVENTADAS Y UNA MULTITUD SILENCIOSA

Es 1964 y The Who se encuentran en medio de su bolo de cada martes por la noche en Railway Tavern, un pequeño pub al noroeste de Londres. A mitad de una canción, Pete Townshend golpea accidentalmente su guitarra contra el bajo techo del local y rompe el mástil. El aprecio de Townsend por su guitarra es enorme, pero él ni se inmuta, mientras espera que el público responda positivamente para transmitirle su apoyo. Pero nadie reacciona en todo el local. Aunque se escucha alguna risa nerviosa en el fondo, nadie vitorea o grita para animarle.

Indignado por la reacción decepcionante de la multitud, Townshend empieza a saltar por el pequeño escenario rompiendo la guitarra en pedazos, arrojando los trozos desperdigados por el suelo. Acto seguido, toma su guitarra de repuesto y continúa tocando.

Este momento mítico de la historia rock requiere un poco de contexto: se trataba de los años 60, década que pronto se convertiría en la era hippy y del Verano del Amor. En los conciertos se solían ver más símbolos de la paz que pedazos de guitarras reventadas, y cada muestra de violencia en el escenario se solía recibir con caras y gritos de reproche.

Townshend luego explicaría que el veneno y la ira que exhibió fue el resultado de su frustración por no poder tocar la guitarra tan bien como los músicos de blues que tanto idolatraba. Por aquel entonces, era capaz de escuchar las notas en su cabeza, pero no podía replicar la melodía... todavía.

Sus famosos saltos y gamberradas sobre el escenario tenían el objetivo de dar a sus rutinas de guitarra un aspecto más potente o “letal”. Toda esta ira y frustración acumuladas hicieron estallar al joven guitarrista esa noche en Londres.

Lo que comenzó como una excentricidad sobre el escenario pronto se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles de The Who, y de Townshend en particular. Sus actuaciones se volvieron tan físicas que sus pies no tardaron en resentirlas. Así que, en 1967, decidió comenzar a llevar unas botas 1460 para mitigar el dolor. Townsend llegaría a decir de ellas: “Eran tan fuertes como flexibles, lo que las convertía en perfectas para todos los saltos que daba en el escenario. Me hacían despegar”.

Cuando la banda alcanzó el estado de reyes del Mod, se llevaron a nuestras botas de gira con ellos. Townshend en especial: “A veces me llevaba conmigo un par de cosas a la cama: una botella de coñac a un lado, y una bota de Dr. Martens al otro”.

LO ÚNICO MÁS FUERTE QUE UNAS BOTAS DE
DR. MARTENS ES LA PERSONA QUE LAS LLEVA

DA UN PASO AL FRENTE

 

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