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EDWARD COLVER

CONSIGUE LA FOTO SIEMPRE. PASE LO QUE PASE.

Dr. Martens cruzó el Atlántico por primera vez en los años 80, cuando las bandas estadounidenses volvieron de sus giras por el Reino Unido con sus nuevos pares de botas. Pronto las comenzarían a llevar sobre los escenarios de los Estados Unidos ante sus crecientes grupos de fans, lo que supuso una plataforma de visibilidad para el calzado en todo el país.

En primera fila de todos estos conciertos desenfrenados se encontraba el fotógrafo Edward Colver, que se convertiría en el reconocido retratista de la escena disruptiva californiana. Una noche, la violencia extrema de un concierto lo dejó tirado en el suelo lleno de heridas y moratones. Pero de algún modo se arrastró, se olvidó de las heridas y siguió disparando.

“Me han rebotado botellas de cerveza en la cabeza, una vez me pasaron una bota por la cara, pero la historia más grave que me ha ocurrido fue tomando fotos en un concierto en el auditorio de Los Angeles. La escena punk de los Estados Unidos estaba en plena eclosión y allí había 3000 personas completamente fuera de sí... pero a diferencia de como ocurre ahora, con todo el mundo con las cámaras del móvil, yo era el único con una cámara.”

“El público estaba como loco y no había parado de recibir golpes y empujones, pero de repente noté un golpe muy fuerte y caí redondo. Era un tío intentando subir al escenario. Traté de ayudarle, pero un par de minutos más tarde me estamparon contra la valla de madera que separaba al público del escenario y me golpeé el pecho y las costillas con gran violencia. Al mirar a mi derecha, pude ver que la valla se había derrumbado, la gente la había reventado”.

“Sabía que tenía que salir de allí como fuese, así que traté de levantarme, pero no podía. Entonces este chico rubio, el bajista de la banda californiana The Circle Jerks, vino a mi rescate, y finalmente me sacaron del escenario por un lado, agarrándome el costado herido. Estaba hecho polvo”.

“Pero en cuanto recuperé el aliento volví y seguí haciendo fotos. Tenía que conseguirlas. Poco después, y pese a que me dolían las costillas, tomé la foto del chico haciendo una voltereta sobre el público que sale en el libro 'Dr. Martens: A History of Rebellious Self-Expression'. No importa lo que ocurra, hay que seguir tomando fotos, hay que conseguir la foto sea como sea. Puede ser una odisea, pero, en estas situaciones, vuelves y sigues haciendo fotos. Fue una locura, un caos tremendo, dos minutos de completa locura. Pero conseguí la foto”.

LO ÚNICO MÁS FUERTE QUE UNAS BOTAS DE
DR. MARTENS ES LA PERSONA QUE LAS LLEVA

DA UN PASO AL FRENTE

 

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